Friday, January 9, 2026

CANTO POEMA DEL REGRESO





CANTO POEMA DEL REGRESO


y volví,  después de 4 años 5 meses
y 5 días, volví,
yo no estuve allá
estuve aquí
me perdí allá
estando aquí…
de todas maneras
lo que resume todo
son los puntos suspensivos

la gravedad de la ausencia
es la pérdida de tiempo
la impalpable existencia
de los planos de vivencias
la alteración de la lectura
de lo real e imaginario…

lo real, aquí también,
vuelven a ser los puntos
suspensivos

atravesé el sureste norteamericano
en busca de la península:
de la puerta latina para salir
o entrar,
de la puerta gris que matiza
los dos mundos, 
la puerta mestiza

allí
creo que soñé

xilofones de cristales gigantes
guiaban mi camino terrestre

“tengo miedo”, le dije
al micrófono que estaba conectado a Atlanta

un animal, un perro
un humano, una mujer
un niño
un misterio, un dragón 
me dijo nada
sólo me llevó a dar vueltas
por la estación
a enseñarme mi camino
de ida, el del regreso

a ese monstruo aliado
le di las gracias
y partí.

desde la manga, cansado, me decía adiós 
con sus bostezos de fuego
(ya era víctima
de la modorra americana)

había pasado junto a mí
estos largos años
había pasado, como yo,
viviendo largas jornadas
habíamos pasado, como siempre,
el tiempo trabajando,
perdiéndolo quizá

danza de fuegos
nos inventamos de vez en cuando 
para matar las vagas sombras
y crear las bellas
llenas de contrastes:
danzamos 
mirando
intensamente lo negro
lo definitivamente negro

antes habíamos estado
en el aeropuerto internacional de Atlanta
en realidad había estado yo solo
(el dragón, mi otro yo, 
mi sombra
me esperó en Miami)
pero no estuve solo,
quieran saberlo,
miles de viajeros de todos los colores
me rodeaban, 
me hacían nadie
(mi estado preferido)
(debo comunicarles que ahora mismo
a este balcón, 
desde donde escribo, 
ha llegado, extrañamente, 
un fuerte olor
a sebo quemado como el que emanaba
la jabonería La Mariposa allá 
en los barrios norteños de San Miguel
de Tucumán) 
(aquí los olores, agradables
o no, no son parte de la vida,
no hay, por ejemplo, ese volcán
de azahares que bañan las veredas)

estábamos en Atlanta,
en el aeropuerto,
en el patio central,
estábamos parados y, levantando los ojos,
vemos galerías circulares
sobre nosotros
vemos que ellas dan al patio central,
son dos o tres balcones
están, cuantos sean,
colmados de soldados (hombres y mujeres)
con sus uniformes caqui,
mirando al vacío, al patio central,
vienen de sus casas o van a sus pueblos natales
o a Irak – Afganistán
están llenos de emblemas, de cruces,
de ojos con miradas en busca de algo, 
parecen estar bien, son jóvenes,
muy jóvenes, 
no los reciben
no los despiden, 
afloran por todos los pasillos,
parece que estamos en una base militar.
en una jaula.

hay en sus uniformes nombres bordados
García, González, López
y tantos más, Johnson, Taylor and Lee
pero García me llamó la atención: 
no estaba neutro
como los otros
(neutro: un lejanísimo y equívoco sinónimo
de bien, de estar bien)
estaba “down”,
hubiera querido
sacarme unas fotos con algunos de ellos
pero una maldita reflexión realista me lo impidió:
“probablemente no pueda
sacarme otra foto con ellos
cuando ellos o yo regresemos,
o no, de nuestros extremos destinos”, 
sólo atiné a mirarlos,
a tratar de entenderlos
y a maldecir, profundamente,
a los jerarcas malignos
que los mandan al muere
por causas, en absoluto, mezquinas
y en donde nada tienen que ver
esos niños soldados 
ni esos niños víctimas de los distintos escenarios de guerra 
que el poder enloquecido del mundo crea a por doquier

así fue, 
me despedí de Atlanta
con soldaditos camuflados
y, al regresar, la gente me recibió
con un gran aplauso.
yo pensaba que era porque
regresaba de Argentina
había sabido ser que
otros cientos de caquis
marchaban a través del patio central,
quizá éstos volvían de Irak
y los aplaudían,
seguramente,
otros muchos no.
no. 
otros no volvieron. 
ni de Afganistán.
quizá esa foto que no quise tomar 
hubiera sido
de uno de esos que no volvieron.
esa foto habría sido 
la foto
del adiós.

crucé Caribe, 90 millas,
pasé sobre La Habana,
estaba dormida,
quise despertarla, 
lo logré: 
Fidel había muerto
dos años atrás pero a nosotros,
los vivos, los astutos, los creyentes: 
nos hacían creer
que el Castro era un cadáver viviente, 
un joven viejo
en uniforme adidas que aparecía en la TV
y en Internet, 
como si nada hubiera pasado
¿sería auténtico el conjunto
adidas que portaba el emblemático mandamás comunista 
de los últimos 50 años de la existencia del mundo?
si la respuesta es sí:
ay! caray!
si la respuesta es no,
también: ay! Caray!

de Fidel no hubiera querido esperar que sea 
complacientemente fiel 
a las marcas del poder mundial.
las tres rayas las vimos sobre sus hombros
sobre el sonido que emanaba
esa imagen,
tres rayas: 
la vida,
la paz, 
la muerte

tres: 
Guantánamo, 
La Habana, 
Camagüey (el orden es aleatorio)

me fui de Atlanta
puse pie en Miami
volé sobre Cuba
embriagado de humor

el monstruo, la mujer,
el niño, el dragón
seguía conmigo.
de nuestras bocas
fluían llamas,
sabrosas, calientes,
iluminadoras,
purificadoras

seguimos en trance

Haití estaba abajo
la tierra ensangrentada
Trujillo también,
esa, la tierra de las Mirabales,
la dominicana, qué joder!

Puerto Rico, con plena y bomba te vi

y estaba el mar
el denso, el ausente mar,
el que, a la distancia, no está,
uno no lo ve,
es de noche
se fue

Caribe se fue

al medio, /recuerdo
que me voy/
que estoy yendo/
que regreso
a donde nunca me fui
en donde estuve siempre, regreso

¿cómo puedo volver
si nunca me fui?

yo fui el cuerpo de los otros
los otros caminaron estas tierras, 
aquellas,
las que atrás dejé

son los otros los que están en esta nave
yo, no estoy,
y si estoy, estoy ausente

esta birome que escribe mañana lo que vuelo hoy
no estará mañana
trazando estos signos,
o, al menos, 
no será mi mano la que ejerza su poder. 

ella, la birome,
hará de nosotros lo que quiera,
incluso un poema
como este incierto poema
que nadie escribió
o al menos nadie leyó
salvo ella, inevitablemente

ya la nave dejaba Caribe
dejaba mar
acariciaba tierra

Sudamérica
Sudamérica mía
vuelvo a ti, vuelvo a palparte
desde el aire orino tu tierra
como para sembrarte
no tengo otro modo de ligarme a vos
Sudamérica, mi amada canción
Sudamérica cobriza, fatal y dividida
Sudamérica, masa de un espíritu
estrella de diez puntas
unidad encrespada
aroma único y disociado
Sudamérica, mía
ladrona de almas
corazón deforme
mestizo 
blanco 
negro

propio
corazón deforme
corazón deforme

corazón!
nuestra carne queda baldía
sin vos

Sudamérica, te entro
la alfombrilla de bienvenida
es el mar Caribe
líquido, líquido
no golpeo a tu puerta
pues siempre está abierta
y hay aguardientes
vinos y piscos
chichas, de las dos,
y aloja pa´ brindar
caipiriñas y cachazas
líquidos, líquidos
Sudamérica, te entro

y no puedo dejar de respirarte,
tu humedad
tu exultante humedad
tu música, tu profunda
y sincera canción

Sudamérica, retumbas!
en el interior de este pájaro,
retumbas!

me quieres sacar.
y que caiga,
caiga,
caiga
a tus entrañas
y chupe de vos
todo
lo que de vos
quepa en mí

me quieres sacar,
violar,
y me dejo.

Sudamérica, me dejo.

(estuve tanto tiempo vendiendo
rosas colombianas en New York City 
que ya no recuerdo
cómo huele esa
magnífica mugre)

Apuph! Apuf!

Apuf, apuf, apuf!

No me banco tanta
presión!

No la soporto, apuf!

Y giro, giro mi índice sobre la pared

Hago círculos,
círculos y círculos
sobre la pared.

Con mi índice
hago círculos
sobre la pared
y digo No!

No quiero pensar
lo que no puedo ver
y digo No,
y sigo.

mapa, 
tengo un mapa
que nos dibuja,
mandarín, chino.

Pero No, 
nuestra silueta es distinta,
semejante, 
pero
peor, 
pero No!

Quiero volar
de costa a costa

Caí, en mi vuelo,
sobre Caracas.
Caracas, la extraña,
la bella, 
la de hijas
increíbles de bellas

y volé, sobre ella volé

y no tuve ocasión
de bañarme con sus aguas
no estaba ya Bolívar
como para bajar y volar
no estaba
no había nadie.
“sólo con agua negra
lavamos nuestras manos”,
¿quién sos? –le digo.
no responde.

la grandilocuencia
suele ser muda.

apagué el navegador
y dormí un rato.

nubes, nubes de algodón
nubes blancas
blancas nubes
mares de nubes
nubes, nubes de algodón

soñé, indudablemente soñé.
caían hojas de plátanos
sobre mis hombros
estaba paseando por la plaza Urquiza
me detuve a quitarme esa gran caspa de otoño de sobre mis hombros,
sacudí la última
y un hombre sabio
sentado y apoyado con sus dos manos
en un bastón
me dijo:
“El mito es la última
verdad de la historia,
lo demás es efímero periodismo”
lo dijo y se convirtió
en piedra, en mármol,
en granito inmóvil.
y está, aún, junto a los plátanos que se deshojan cada año.
pero él, sus papalabras,
son una fuerte brisa
que despeina a más de uno
que cala hondo, hondo
en cualquier ajedrez

ese hombre ciego
veía más
ve más!
nos está viendo!

y nosotros estamos al frente, 
Colegio Nacional

bombas y deudas
cayeron en el Colegio Nacional

(¿es esto un poema
o un agujero
en la historia?)

Plaza Urquiza,
San Miguel de Tucumán,
República Argentina,
Colegio Nacional. Borges.

Plaza Urquiza,
años atrás: 
una densa plaza copiosa de árboles
grandes sombras,
pulmón del norte.
era un misterio
introducirse a ella
había magia
habían cosas por indagar en esa plaza,
allí parí letras
allí hamaqué hijos e hijas
propios y ajenos
también, tristemente,
en esa plaza hay zapatos
que nunca regresaron,
no los dejaron,
pero sobrevuelan
sin que las estatuas
se debiliten.
no dejan huellas pero están.

dejé Caracas ahumado
por su tizón
brotaba como gotera pertinaz
e intermitente
su luz.
nubes por aquí y por allá
llovía y yo era ráfaga
canté Guantanamera
sin saber porqué

Pasta de pus!
Basta de pus!, digo

Yo me dejo llevar
pero la pasta de pus
se estaciona en mi cuerpo
me hace clamar:
Basta de pus!

adentro, no sin cautela,
el territorio colombiano
amazonía, valle
montaña, selva misma
costa
territorio paisa
Bogotá
Pereira, donde la más bella
está acá

Colombia misión y honor
orgullo y reprobación
vanagloria de la gloria
te volé
te vi a oscuras
en unas que otras luces
por aquí por allá

zafé!
café!

y la coca que se vende en Colombia
tiene mejor caché!
sí señó!

Cumbia, papá!
Guayabera, mamá!

sólo la puntica,
y se acabó!!!

ja!!!

ecua-marrón
ecua-marrón
ecua- Ecuador!

Guayaquil, Guayaquil
hace siglos te vi
sin un apretón de  manos te vi
eres sombra ahora
como aquella vez
pero ahora eres joven
y no antigua
como aquella vez
aunque aquella vez
eras virgen
por aquella vez
pero pasaron
aquellos dos hombres
aquella vez
y te dejaron infértil
aquella vez
ahora destellas más
que aquella vez
y te volviste joven
más aún

Guayaquil, ¿qué
bella flor ausente
pinta de colores tus frentes?

Guayaquil, te vi
boca arriba te vi
como queriendo beber
el agua mágica de los cielos
te vi

¡Quito de ti toda sombra!

Inca, hijo del sol, maíz, papa
Inca, hijo de Laura y de la Nube
Inca, habitante fundamental
del Perú,
te necesitamos

Inca, sobre tu tierra dormí
tu música andina me mecía,
las sierras me acunaban,
y los fuegos de la plaza de armas me despertaban
fui amasando tu silueta
bebiendo el agua de tus puertos,
el Callao me trajo a Lima
la flor nocturna del Tahuantinsuyu
me abrió el corazón eterno: 
Machu Picchu
(muchos años atrás
mis manos modelaron,
como hoy, su piedra sagrada,
aún la arcilla constituye mis dedos)

sin respiro, alborotado de fuego, penetro Bolivia
te veo Bolivia
charcos de luz,
hilos de luces cobrizas
conectan, como arterias,
algunos de sus núcleos,
se agiganta tu ritmo
a cada paso,
se te ve surgir
carnavalito,
se te ve surgir
en la noche,
huayno.
no hay charango que no se vea.
desde la altura
saltas, Bolivia, saltas

adiós, Bolivia,
te volveré a cruzar.

alta en el cielo
la puna jujeña
alta y penetrante
su fragancia y amor

ya estaba, como sin pañales,
en mi cuna

ya había colores verdaderos
ya era fiesta mi sangre
mi corazón

ya era alegría
esta canción
ya sabía de estos dolores pero vos
querías sufrir

sin calzón
querías
que mi mano tocara
la flor de la ortiga 
ya
sin dolor:
Argentina la esbelta
la tirana, esa raja
que parte mi piel,
la bella, la noble y
salvaje,
ella con la que puedo ser
eras vos, Argentina maldita,
la que sueño, soñaré y
soñé,
eras esa latente, perdida,
encontrada, la que siempre
duele y no sé qué hacer,
eras vos Argentina
maldita, delatora,
pedigüeña, absorbente
eras vos, 
la que me echaste
me tiraste, me dijiste
que me fuera, me
insinuaste, me
mataste, me premiaste,
me mataste, me
sacaste, me expulsaste,
me olvidaste, me comiste,
me usaste, me cagaste,
me comiste, me desapareciste,
y vomitaste,
eras vos, bandida,
bendita, eres vos
Argentina, mi amor

no pasé, como cuando me fui,
por mi Chile ladero,
ni por sus salitrales,
ni por sus rocas de cobre,
no pasé, al regresar, por
su majestad: 
el Aconcagua
no tuve la magnífica visión
de la locura del hombre:
enfrentarse a esa piedra
de los cielos
para liberar al hombre.
no, no pasé por allí
al regresar,
pero sí seguiré pasando
para regresar a mí.
no pasé por los telares
de Violeta, no pasé por
los romances de las 17 violetas,
no pasé por el sueño de
Neftalí, 
no pasé
por las manos de Víctor,
no pasé 
por la traidora vida y muerte 
del dictador
no pasé por vos Chile
por vos partí

un dragón, un niño
una mujer, una sombra
no me acompañó por Centroamérica
pero esas naciones son mías
las amasé por cuatro años
con mis propias manos
supe tejer sus formas
sin que ellas se dieran cuenta
tengo una radiografía en
cada una de mis córneas

no pasé tampoco por la
azteca tierra:
es tan distante de mi destino
y tan cercana a mi partida,
tan solo en ella misma existe
no cabe más que en su propia esfera

Dicen que la fértil tierra nuestra
comienza debajo de sus tacones

órale!

araca tiqui taca
araca titi taca
araca quichua maíz
araca araca araca
canto nou

timbal, timbal!
canto negro timbal!
timbal, timbal!
llegué al Uruguay!

ya soñé contigo Montevideo
te escribí en tu cuerpo
no te debo nada
me queda el candombe
y ya te parí
timbal, timbal
lanzallamas timbal

Paraguay se prende
en la Asunción de Jesús
timbal, timbal
Paraguay ya parió
se sumó a esta trova
Paraguay guaraní!

Brasil,
vos sabés que
siempre te amamos!
Vinisius, dile!

un ángel, un dios
un espíritu, un semidiós
un dragón, mi figura
mis fantasmas llegaron.

la nave bajó.
cristales líquidos
a mis pies.

terciopelo negro
diamantes brillan
era, como siempre, Buenos Aires

hice un gesto
se dio la luz
una larga noche
amaneció
cuadrícula de arterias
edificios grises, majestuosos
hormigueo de personas
altisonantes voces

estaba aquí, allí, Buenos Aires
respiré lo propio,
aún distante.

Ezeiza, Aeroparque
grité un par de goles
entre aeropuerto y aeropuerto
jugábamos un lugar para el mundial

-de dónde sos, pibe?
-de Tucumán, le digo.
-venís del norte y te vas al norte!,
me dice. 
-largo viaje, no?,
insiste.

una mujer, un niño,
un dragón, un sueño,
una sombra, la plena, la negra
un suspiro, una llama,
la ausencia, el encuentro
el sonido, el silencio
viaja conmigo

desando hacia el norte
lo que anduve hacia el sur

no quiero mirar hacia abajo,
me vería.

estoy adentro
encima de la tierra
estoy integrado a ella
no hay división entre mi cuerpo
y la tierra,
entre el aire y la tierra
entre mi cuerpo y el aire
entre el aire y la tierra y el cielo,

entre mi cuerpo, el aire, la
tierra y el cielo
no hay división

a la distancia, el horizonte
soy yo
el cielo soy yo
la tierra soy

las plantas de mis pies
absorben las húmedas pampas
los deltas, los trigales
los ganados pastando
los salitrales, los montes
los tabacales, los cañaverales
no saben
que ya soy todo eso
y sus ciudades

caímos al valle de Lerma
dimos vueltas y vueltas
estaba allí, sola, Salta (la linda)
allí parí mi más profundo poema:
mi llanto primero al ver la realidad

mmhh! mmhh! qué es esto, 
me dije
me sabía menos permeable
un sujeto fácil de desintegrar
era un alien
yo, en mi tierra

Step Number One:
yo era nativo de Salta, Argentina
4 años después resucité en Tucumán, Argentina

Step Number Two:
me crié y crecí en Tucumán,
dificultosa tarea para mi padre
para mi madre
para varias otras gentes más

Step Number Three:
a los 40 dejé de crecer en Argentina
seguí creciendo en Atlanta, EE.UU. 
Quizá empecé a envejecer

Step Number Four:
una mujer, un niño
un dragón, yo mismo
yo alien
besa esta tierra

Step Number Five:
habré de continuar esta crónica
que un animal (yo mismo)
un perro (yo mismo)
un humano (yo mismo)
una mujer (yo mismo)
un niño (yo mismo)
un misterio (yo mismo)
un dragón (yo mismo)
comenzó hace tiempo atrás
(no sé cuánto)
(no sé si siglos)
(no sé si ya)
habré de continuar:
lo eterno gira
decanta aquí

como alien, en Salta,
me sometieron a exámenes,
aparatos de extraños rayos
escanearon mi cuerpo:
no encontraron nada común a un ser humano
pero supieron que había algo:
nostalgia:
una flema incrustada
en el centro del pecho
era expedida
simples recuerdos

(¿qué éramos antes?
hombres, mujeres
paisanos, vecinos
personas con tiempo
para relacionarnos
por el solo hecho
de sabernos
de sentirnos y quizá
vulgarizar una que otra seña
para cultivar nuestra maldad.
éramos, ante todo,
tiempo, contemplación, placer
y espera
éramos algo irrepetible
que, sabiéndolo,
hacíamos de los días
una reverencia a nuestra existencia.
la vida pasaba a nuestro ritmo 
y se aceleraba
por nuestro antojo.
éramos, unos eternos
adolescentes)

ahora decantó la lluvia
un tornado bajó óxidos y turbulencias
esta cosa extraña
que vivimos por acá.
los recuerdos se borraron,
regresamos a cero.
(quizá el Step Number Six)

SIX, SIX, SIX

una mujer
una mujer

un niño
un niño

un fantasma
un fantasma

un dragón
un dragón

una mujer, un niño, un fantasma
un dragón: yo.
ése soy yo

canto en retorno:
no me vi cuando volví
mi cuerpo ingrávido
mis ojos sobre calles vacías.
el horizonte
ignoraba todo lo existente
sin respuestas
algo se había perdido
sólo un destello mágico
acercaba lo no hallado
eran sus cejas, sus ojos
su cuerpecito, 
los ojos míos
sus labios, sus dedos
sus cabellos, los míos
los negros ojos suyos, los míos.
crueles años de ausencia
queriéndose curar.
los años míos, los suyos, los míos

envejecí
la abracé, como a nunca nadie,

como para que amanezca
palpé su cuerpo, me encontré
el farol de la esquina extendía infinitas sombras

ya para partir
puse mi despertador
a las 6:45
sabiendo que tenía tiempo
para llegar a las 8 a la estación.

mi padre, solo un joven de 84 años,
abrió la puerta de mi habitación a las 6:30
dándome la diana.
a los 3 minutos insistió.
“puse mi reloj a las menos cuarto”, le dije
y no paró: 
-“seguís siendo el
mismo de siempre”, me increpó protestando.
allí reafirmé que estaba
en mi tierra
que era
necesario dejar pasar, al menos,
un mediano tiempo para regresar.

una mujer, un niño
un fantasma, un dragón
me espera 
en algún sitio

se extienden,
desde mí,
unos trancos gigantes:
tocan
baldosas
del cielo


Alejandro Gil
Atlanta, Georgia, USA
2008

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